
Episodio #5
Clayface
Clayface
¿Qué estarías dispuesto a hacer para recuperar tu rostro? ¿Tu carrera? ¿El amor? ¿La vida que creías tener asegurada? Y, sobre todo… ¿cuánto de vos estarías dispuesto a perder en el camino?
Guion
¿Qué estarías dispuesto a hacer para recuperar tu rostro? ¿Tu carrera? ¿El amor? ¿La vida que creías tener asegurada?
Y, sobre todo… ¿cuánto de vos estarías dispuesto a perder en el camino?
Esta semana, DC se mete de lleno en el terror con *Clayface*, una película que transforma a uno de los personajes más particulares del universo de Batman en el protagonista de una pesadilla tan grotesca como humana.
Matt Hagen es un actor en ascenso. Tiene talento, belleza y un futuro prometedor. Pero una tragedia le arrebata su apariencia y amenaza con destruir todo aquello por lo que luchó.
Desesperado por recuperar su rostro, acepta someterse a un tratamiento experimental. Y lo que inicialmente parece un milagro pronto se convierte en una auténtica maldición.
Porque *Clayface* no se conforma con mostrarnos una transformación física. Lo verdaderamente inquietante es asistir a la transformación de una persona que, poco a poco, empieza a perder el control sobre su propio cuerpo, su identidad y sus límites.
Y acá está uno de los grandes aciertos de la película: el terror no nace solamente de lo que vemos, sino de lo que significa.
¿Qué pasa cuando tu valor depende de tu apariencia? ¿Qué queda de vos cuando el mundo deja de reconocerte? ¿Y hasta dónde puede llevarte la desesperación cuando sentís que te arrebataron todo?
Detrás de esta historia encontramos una combinación muy interesante de talentos. La película está dirigida por James Watkins, responsable de *Speak No Evil*, y cuenta con un guion de Mike Flanagan, uno de los nombres más reconocidos del terror contemporáneo, junto a Hossein Amini.
El protagonista es Tom Rhys Harries, que se pone en la piel de Matt Hagen, mientras que Naomi Ackie interpreta a Caitlyn Corr, la científica vinculada al tratamiento experimental.
Y atención a esto: estamos ante una película de DC que se anima a abandonar la fórmula tradicional del superhéroe para abrazar el *body horror*: ese subgénero que convierte al propio cuerpo en una fuente de miedo, repulsión y angustia.
Acá, la transformación no es un simple superpoder. Es una amenaza.
Y eso es lo que más me gusta de *Clayface*: debajo del horror, de las imágenes perturbadoras y de su historia de venganza, hay una tragedia sobre la identidad y la obsesión por volver a ser quien éramos.
Porque a veces el verdadero monstruo no es el que vemos frente al espejo, sino aquello en lo que nos convertimos intentando recuperar lo que perdimos.
*Clayface* demuestra que no hace falta poner a Batman en pantalla para contar una gran historia nacida de su universo.
Una película oscura, incómoda y con personalidad propia, que se anima a explorar el lado más humano de un monstruo.
Y si salís del cine pensando en ella mucho después de que terminan los créditos… entonces, para mí, el terror cumplió su objetivo.
Esto fue Minuto Cinéfilo, Porque detrás de cada película, siempre hay una historia que merece ser contada. ¡Hasta la próxima semana!